(Vídeo) Con restos óseos buscan pistas de primeros habitantes de Barranquilla

Ene 2 2017 05:19 pm 0

Poco se sabe de la gente que vivía en Barranquilla y sus alrededores en el pasado prehispánico, sobre las enfermedades que padecían, los patrones en su dieta y las relaciones entre estas sociedades del Caribe con las del interior del país. Los restos óseos hallados en la región dan una pista de cómo eran los hombres que habitaron estas latitudes.

A que pocos pueden contarme la historia de la Barranquilla de antes del siglo XIX. Esto es lógico si tenemos en cuenta que son escasos los registros históricos que podrían darnos certezas sobre cómo se construyó esta ciudad. Sabemos, por la conclusión a la que han llegado los investigadores más intrépidos, que esta no fue una ciudad fundada a partir de la majestuosidad y la expectativa de una sociedad naciente con anhelos de progreso; más bien fue una villa que creció espontáneamente de la mano con el intercambio comercial que se generaba en un territorio rodeado de mar y río, lo cual resultaba ideal para este tipo de transacciones. Sabemos también que desde el siglo XVII fue una población de individuos libres dedicados a actividades relacionadas con el río, y poco tuvieron que ver con las grandes guerras independentistas y que tal vez por eso no tuvo protagonismo sino hasta años después.

Pero hay otra historia más antigua que hoy los investigadores están interesados en contar. Se trata de la historia de aquellos pueblos que vivían en estas tierras antes de la llegada de los españoles, en gran parte reconstruida por el profesor Carlos Angulo Valdés, quien tenía la arqueología por oficio y pasión, y se dedicó a excavar las tierras atlanticenses en los años 50. Así identificó algunos restos óseos de los primeros pobladores del Caribe colombiano que hoy conforman una de las colecciones del Museo Arqueológico de Pueblos Karib (Mapuka) de la Universidad del Norte. Gracias a esto, la investigación arqueológica ha permitido identificar aspectos sobre la salud, enfermedad y vida de estas poblaciones del pasado. A pesar de que no se trata de esqueletos completos, los especialistas se sirven de los elementos recuperados como valiosas piezas informativas. De entender cómo vivían las poblaciones antiguas, a partir del estudio de los restos humanos, animales o botánicos, se encargan los bioarquéologos.

Javier Rivera es uno de esos expertos que con guantes blancos y dentro de un laboratorio lleno de lo que nosotros llamaríamos “basura” arqueológica, se encarga de observar con detalle los huesos porosos, incompletos y, en algunos casos, con signos de lesiones, para averiguar el sexo, la estatura, la edad en la que murió el individuo y lo que comúnmente llamamos raza, pero que en bioarqueología nombran “ancestro”, es decir, las características morfológicas del cadáver. También observan otras características que permiten indicar el tipo de actividad física que realizaban y las enfermedades que sufrieron estas poblaciones.