Aunque la cifra de reservas comprometida resulta astronómica, el exdirectivo aclaró que “lo que se extrae es una porción bastante pequeña de eso, pero lo que está bajo la tierra es eso y en teoría podría sacarse eh en un periodo de tiempo, pero sería muy largo y con y con grandes inversiones”. Actualmente, la producción venezolana oscila entre 1.100.000 y 1.200.000 barriles diarios.
No obstante, de alcanzarse niveles de producción históricos de entre 3 y 4 millones de barriles al día, el ingreso para el país podría ser de “40 a 50,000 millones de dólares al año”, lo que generaría “un gran chock positivo en la economía y se desparramaría socialmente con muchos beneficios”.
¿Oxígeno financiero para el régimen?
Uno de los puntos más álgidos del acuerdo radica en el plano político. Al ser consultado sobre si este acuerdo representa una “bala de oxígeno” para el madurismo, Morillo hizo referencia a la estrategia diseñada desde Washington por figuras como el secretario de Estado, Marco Rubio.
Según detalló, la Casa Blanca parece haber priorizado la estabilidad económica y la prosperidad por encima de una transición política inmediata.
El exgerente señaló que, tras la salida del poder de ciertos actores, Estados Unidos “consideró que no estaban dadas las condiciones para que un gobierno distinto al que hay ahora se mantuviera estable en el país y se iniciara el proceso de reconstrucción”.
No obstante, admitió que el fortalecimiento político del oficialismo de cara a futuros comicios es un escenario contemplado por el chavismo: “Esa es una hipótesis muy válida que el gobierno podría eh fortalecerse políticamente y pudiera aspirar en unas elecciones eh a inclusive a ganar… Yo dudo que logren fortalecerse tanto después de 20 y pico años de de de un gobierno de un mal gobierno. Pero pero bueno, ciertamente ese riesgo existe”.
La sombra de la corrupción y el control del dinero
El esquema financiero del acuerdo introduce una estructura novedosa pero profundamente cuestionada. Aunque se defiende como un acuerdo entre privados, la realidad legal venezolana estipula que las reservas pertenecen al Estado y que cualquier privado debe asociarse con la estatal PDVSA.
En este escenario, la empresa estadounidense apadrinada, NABEP, asume un rol protagónico. A diferencia del flujo financiero tradicional previo a los eventos del 3 de enero —cuando PDVSA administraba directamente sus divisas en cuentas de Nueva York—, las reglas actuales imponen un estricto control estadounidense.
Morillo reveló que “el dinero que pagan los compradores del petróleo está siendo llevado a cuentas del tesoro norteamericano, no lo tiene
PDVSA”. Esta medida, sin embargo, abre interrogantes sobre la entrega efectiva de estos recursos al gobierno venezolano: “El dinero está fluyendo, pero no sabemos cómo es la realidad y queremos saberlo”.