El partido de gobierno en Venezuela ganó este domiongo las elecciones regionales, con 17 gobernaciones frente a cinco de la oposición, en un resultado que el presidente Nicolás Maduro calificó como una “victoria tajante”, pero que sus adversarios habían adelantado que no aceptarán.
“Victoria tajante. El chavismo arrasó en las elecciones”, celebró Maduro, quien aseguró que el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) también podría ganar el estado Bolívar, el único que aún está en disputa del total de 23.
Poco antes del anuncio del poder electoral, el jefe de campaña de la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Gerardo Blyde, había manifestado que no reconocerían los resultados que iban a ser anunciados por el Consejo Nacional Electoral (CNE). “Tenemos serias sospechas, dudas, sobre los resultados que van a ser anunciados en pocos minutos”, dijo Blyde.
Rodeado de líderes del PSUV y de altos oficiales militares, Maduro criticó esas declaraciones. “Han salido algunos dirigentes descocados a cantar fraude (…) Por el amor a Dios, acaten los resultados transparentes”, manifestó el mandatario.
Tibisay Lucena, presidenta del CNE -órgano acusado de servir al chavismo-, aseguró que la tendencia era “irreversible” en 22 estados y precisó que la participación electoral fue de 61%. La oposición perdió la joya de la corona, el estado Miranda que gobernó desde 2009 el excandidato presidencial Henrique Capriles; mientras que el gobierno perdió los estratégicos estados Zulia y Táchira, fronterizos con Colombia.
“¡El chavismo está vivo!”
El oficialismo tenía 20 gobernaciones en su poder, pero con 17 lo considera un triunfo porque todas las encuestas daban como favorita a la oposición con posibilidad de ganar hasta 18 estados si había una alta participación.
“El chavismo está vivo, está en la calle y está triunfante”, festejó Maduro, cuya impopularidad ronda el 80% según la firma Datanálisis. Los comicios se celebraron con un año de retraso y luego de dos meses de tregua tras las marchas convocadas entre abril y julio por la MUD para exigir la salida de Maduro, con saldo de más de 125 muertos.
La oposición había pedido a sus seguidores superar la desilusión de no haber logrado el objetivo en las calles, y votar, más que por gobernadores, para castigar la gestión Maduro. Este fue el primer duelo electoral desde su aplastante victoria en las parlamentarias de 2015, cuando rompió una hegemonía chavista de 18 años.
Maduro cantó también victoria a nivel de votación nacional, al asegurar que el oficialismo obtuvo 54% de los votos, frente al 45% de la MUD.
En busca de legitimidad
Buscando legitimidad nacional e internacional, Maduro convirtió estos comicios en una validación de su todopoderosa Asamblea Constituyente, desconocida por la oposición y países de América y Europa. “El que vote está votando por la Constituyente”, reiteró el mandatario.
Maduro dispuso además que los gobernadores electos se subordinen a la Constituyente, totalmente oficialista pues la MUD la consideró ilegal y no participó en su elección. “El que no se juramente no toma su cargo y punto”, advirtió el presidente.
A las puertas está un nuevo repunte del conflicto institucional, porque la MUD ha descartado hacerlo. Sus gobernadores electos podrían terminar como el Parlamento, cuyo poder fue anulado por la justicia -acusada de oficialista-.
“O cambia o termina de hundirse”
Además de la frustración de su gente tras las protestas, la MUD enfrentó complicaciones como la reubicación a última hora de casi 300 centros, lo que denunció como “abusos” del CNE para favorecer al gobierno.
Desde que se eligió la Constituyente el 30 de julio, las protestas cesaron, pero el país sigue siendo una olla en ebullición: está al borde de la hiperinflación, con una severa escasez de alimentos y medicinas y una caída del PIB que el FMI calcula será de 12% este año.
“Este país o cambia o termina de hundirse. El cambio no es un camino fácil, la batalla hay que darla”, declaró Mary Delgado, administradora de 63 años, a la AFP.
En Maracaibo, ciudad petrolera en el oeste del país, Carmen de Guillén, de 52 años, votó para apoyar al gobierno porque -dijo- “se preocupa por los más pobres”.
Para animar a sus seguidores, la MUD argumentó que sin las protestas muchos países no habrían desconocido la Constituyente ni Estados Unidos sancionado al gobierno venezolano y a varios de sus funcionarios, incluido Maduro.
La jornada de doce horas de votación transcurrió en calma. Algunos centros electorales cerraron después de lo previsto para recibir a electores aún en fila.
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